Municipalistas ante las generales: que la ola nacional no nos arrastre

Hace unos días cayó en mis manos una reflexión de Pepe Crespo titulada Cómo aprovechar las elecciones generales en un partido municipal sin perder su proyecto local.

Su lectura me hizo pensar.

Y no solamente en Quiero Maracena, sino en algo mucho más amplio: el papel que debemos desempeñar quienes creemos en el municipalismo como una forma diferente de entender la política.

Cuando llegan unas elecciones generales, la política nacional lo invade prácticamente todo.

Las televisiones, las redes sociales, las conversaciones, los medios de comunicación y hasta las reuniones familiares terminan hablando de los mismos dirigentes, las mismas polémicas y los mismos enfrentamientos.

Y ahí aparece una tentación para cualquier partido municipalista: entrar también en esa batalla.

Creo que sería un error.

No nacimos para ser la sucursal de nadie

El municipalismo tiene sentido precisamente porque parte de una realidad diferente.

En nuestros municipios conviven personas que en unas elecciones generales pueden votar opciones completamente distintas y que, sin embargo, quieren exactamente lo mismo cuando hablan de su pueblo.

Quieren calles limpias.

Quieren seguridad.

Quieren servicios públicos que funcionen.

Quieren oportunidades para sus jóvenes.

Quieren comercio, empleo y actividad económica.

Quieren barrios cuidados.

Quieren transparencia.

Quieren que sus impuestos se administren correctamente.

Y quieren un Ayuntamiento que les escuche y les resuelva problemas.

Ahí está uno de los grandes valores del municipalismo.

Somos capaces de encontrarnos en lo cercano personas que quizá pensamos diferente sobre muchas otras cosas.

Por eso importar automáticamente al municipio las divisiones de la política nacional puede terminar destruyendo precisamente aquello que nos hace diferentes.

Pero municipalismo tampoco significa vivir de espaldas al mundo

Ser municipalista no significa ser ajeno a lo que ocurre en España.

Las decisiones nacionales y autonómicas afectan directamente a nuestros municipios.

La vivienda termina teniendo nombres y apellidos en nuestros barrios.

La financiación afecta a los servicios que puede prestar un Ayuntamiento.

Las políticas de empleo repercuten en nuestros jóvenes, autónomos y empresas.

Las decisiones sobre infraestructuras, movilidad, energía, educación, seguridad o servicios sociales terminan teniendo consecuencias concretas en nuestras calles.

Por tanto, no se trata de guardar silencio ante todo.

Se trata de hacer algo bastante más difícil:

traducir los grandes debates nacionales a la realidad municipal.

Y ahí encontré especialmente interesante la reflexión de Pepe Crespo.

Antes de entrar en un debate deberíamos preguntarnos:

¿Esto afecta realmente a nuestro municipio?

¿Tenemos algo propio, concreto y comprensible que aportar?

¿Nuestra intervención ayuda a explicar o resolver un problema de nuestros vecinos?

¿O simplemente estamos participando en una pelea que pertenece a otros?

Si no somos capaces de responder con claridad, quizá no tengamos ninguna necesidad de entrar.

Porque también hay que aprender algo poco habitual en la política actual:

no opinar de todo también puede ser una decisión política responsable.

Las generales pueden ser una extraordinaria oportunidad

Pero entonces, ¿qué hacemos durante unas elecciones generales?

Escuchar.

Probablemente mucho más de lo que hablamos.

Durante una campaña electoral aumenta el interés por la política. Las personas hablan de sus preocupaciones con mayor facilidad, aparecen debates que normalmente permanecen escondidos y asociaciones, comerciantes, profesionales, colectivos y vecinos están más abiertos a conversar.

Un proyecto municipalista puede utilizar ese periodo para conocer mucho mejor su municipio.

No para preguntar únicamente qué partido piensa votar alguien.

Eso pertenece a cada ciudadano.

Las preguntas realmente interesantes son otras.

¿Qué problema le preocupa?

¿Qué está funcionando mal?

¿Qué oportunidades estamos perdiendo?

¿Qué necesitaría su barrio?

¿Qué dificultades tiene para emprender?

¿Por qué un joven piensa marcharse?

¿Qué necesita una familia para poder quedarse?

¿Qué servicios municipales deberían funcionar mejor?

Ahí hay muchísimo más conocimiento político que en cien discusiones de redes sociales.

Y también podemos ponernos a prueba nosotros mismos

Hay otra idea de la reflexión de Crespo que considero especialmente importante.

Una campaña general también puede servir para comprobar qué equipo tenemos realmente.

Porque un proyecto político no se construye unas semanas antes de presentar una candidatura.

Se construye mucho antes.

Y aquí los municipalistas también debemos hacer autocrítica.

No basta con tener buenas personas.

No basta con reunirnos.

No basta con aportar ideas.

No basta con compartir publicaciones.

Y tampoco basta con que exista una persona que tire permanentemente del proyecto.

Si queremos gobernar nuestros municipios algún día, tenemos que empezar a comportarnos como equipos capaces de gobernarlos.

Eso significa repartir responsabilidades.

Convertir ideas en tareas.

Cumplir compromisos.

Escuchar.

Analizar información.

Preparar propuestas.

Relacionarnos con colectivos diferentes.

Resolver discrepancias.

Y aprender a trabajar juntos.

Las generales pueden convertirse, por tanto, en un magnífico banco de pruebas.

No para ver quién aparece más.

Sino para descubrir quién aporta, quién organiza, quién escucha, quién ejecuta y dónde necesitamos mejorar.

Del liderazgo individual al proyecto colectivo

Este probablemente sea uno de los grandes retos del municipalismo.

Muchos proyectos locales nacen alrededor de unas pocas personas tremendamente implicadas.

Es comprensible.

Alguien tiene que comenzar.

Alguien tiene que empujar.

Alguien tiene que asumir responsabilidades cuando todavía no existe estructura.

Pero si queremos que el municipalismo madure, tenemos que conseguir que los proyectos sean cada vez menos dependientes de una sola persona y cada vez más capaces de funcionar como organizaciones.

El liderazgo seguirá siendo necesario.

Pero liderar no debería significar hacerlo todo.

Debería significar conseguir que cada vez más personas puedan hacer cosas.

Porque un municipio no se gobierna solo.

Y un proyecto que aspira algún día a gestionar un Ayuntamiento debería demostrar previamente que sabe gestionar su propia organización.

Una oportunidad también para el municipalismo organizado

Esta reflexión puede ir todavía un poco más lejos.

Si queremos construir espacios de colaboración entre partidos municipalistas, tenemos delante una oportunidad importante.

No necesitamos convertirnos en una réplica pequeña de los partidos nacionales.

Probablemente necesitemos justo lo contrario.

Compartir conocimiento.

Compartir experiencias.

Compartir herramientas.

Formarnos.

Ayudarnos en cuestiones jurídicas, económicas, urbanísticas, administrativas y de comunicación.

Aprender de los municipios donde otros ya han encontrado soluciones.

Y construir una cultura municipalista basada en la gestión y en el conocimiento.

Porque nuestros municipios son diferentes, pero muchos de sus problemas se parecen muchísimo.

Quizá ahí esté una de las razones de ser de proyectos como Unión Municipalista.

No decirle a cada formación local qué tiene que pensar.

Sino ayudarle a estar mejor preparada para servir a su municipio.

Tres decisiones sencillas ante el ruido nacional

La reflexión de Crespo propone una fórmula que me parece especialmente útil.

Ante cada gran asunto nacional, un municipalista puede tomar básicamente tres decisiones.

Traducir.

Cuando el asunto tiene consecuencias claras en nuestro municipio, explicarlas y plantear propuestas concretas.

Acompañar.

Cuando sea relevante, pero nuestra capacidad municipal sea limitada, podemos informar, escuchar, reclamar o colaborar sin convertirlo en el centro de nuestro proyecto.

No entrar.

Cuando únicamente nos arrastre hacia una confrontación que nada aporta a nuestros vecinos.

Las tres opciones son legítimas.

Lo importante es que exista criterio.

Que las generales nos hagan mejores municipalistas

Cuando terminen unas elecciones generales probablemente todos analizaremos quién ganó, quién perdió, quién subió y quién bajó.

Los municipalistas deberíamos hacernos además otras preguntas.

¿Qué hemos aprendido de nuestros vecinos?

¿Qué problemas hemos descubierto?

¿Qué relaciones hemos construido?

¿Qué propuestas debemos incorporar?

¿Qué personas han demostrado capacidad para asumir responsabilidades?

¿Qué hemos hecho mal?

¿Y qué debemos cambiar antes de las municipales?

Porque la verdadera oportunidad de unas elecciones generales para un proyecto municipalista no debería medirse únicamente en seguidores, publicaciones o visibilidad.

Debería medirse en cuánto mejor conocemos nuestro municipio y cuánto mejor preparados estamos para gestionarlo.

Las elecciones generales pasarán.

La confrontación nacional cambiará de protagonistas.

Llegarán nuevas polémicas y desaparecerán las actuales.

Pero nuestros pueblos y ciudades seguirán ahí.

Con sus problemas.

Con sus oportunidades.

Y con miles de personas esperando que alguien deje de explicarles permanentemente quién tiene la culpa y empiece a explicarles qué podemos hacer.

Quizá esa sea precisamente nuestra oportunidad.

No convertirnos en otra pieza de la política nacional.

No permitir que nos coloquen una etiqueta que no necesitamos.

No preguntar primero a nuestros vecinos qué votan, sino qué necesitan.

Y demostrar que otra manera de hacer política municipal puede construirse desde la cercanía, el conocimiento, la gestión y el compromiso.

Que la ola nacional no nos arrastre.

Aprovechémosla para escuchar más, aprender más, organizarnos mejor y regresar después a nuestros municipios con algo mucho más valioso que una colección de titulares:

un proyecto municipal más fuerte y un equipo mejor preparado para hacerlo realidad.